Todo me lo roban, de nuevo y peor

Hace mucho que no escribo. No estoy seguro cuánto, no veré la fecha de mi última publicación. Me conformo con saber que fue hace mucho tiempo y que en todo el tiempo que pasó desde aquella vez, pasaron muchas cosas que me llevan hasta este momento en el que necesito escribir.

Hace una semana me asaltaron junto con mi novia y la depresión post-atraco me llevó a un rápido viaje por el tiempo que inicia con el momento en que decidimos vivir juntos.

Cada uno pagaba renta del lugar en donde vivía, bastante alejados uno del otro; unos 10 kilómetros, si no mal recuerdo. Pese a eso, había ocasiones en las que pasaba más de un día completo en su casa, o ella en la mía. Lo obvio fue pagar una sola renta y dormir bajo el mismo techo, todas las noches.

El lugar elegido fue un departamento de esos viejones que parece chorizos, con cuatro piezas contiguas con puertas entre cada una y puerta al exterior, cocina, baño, una pequeña bodega, azotehuela (descubrí que se llama así y no zotehuela), que estaba en un primer piso, o sea el segundo si es que al primero le llamamos planta baja; al fondo de una vecindad. Lo mejor del lugar, es que teníamos un patio de muy buen tamaño y esa sensación de lugar antiguo.

Elegimos el departamento de arriba, porque el de abajo lo estaban arreglando. Sin embargo un mes después de llegados ya que lo habían terminado, decidimos rentar ambos y usar el nuevo para iniciar dos proyectos que teníamos cada uno por su lado, pero que a partir de entonces cocinaríamos juntos.

Uno era Cicloenvíos, que en un inicio se iba a llamar BicienVía Puebla, pues sería un brazo poblano de la empresa de bicimensajería del mismo nombre en la Ciudad de México. A la fecha, Cicloenvíos es mi principal actividad y espero que lo sea durante muchos muchos años. El otro proyecto se llamó El patio de atrás, nombre ganado gracias a la ubicación del patio dentro de la vecindad y a una frase bastante seductora dicha por mi novia en medio de los besos y arrumacos, que decía algo así como Take me to the patio de atrás.

El patio fue durante un año un espacio de conocimiento, un lugar donde prácticamente cualquier persona podía compartir lo que sabía impartiendo talleres o charlas, ganando unos pesos por ello. Tuvimos desde talleres de tango y son, hasta de seguridad en redes sociales y cocina para niños. De todo un poco. También hubo fiestas y otros eventos como torneos de poesía, presentaciones de fanzines, bazares y exposiciones pictóricas. Era un gran lugar. Y la neta, era un pedo mantenerlo vivo. Pagar su renta era un dedóndevamosasacar cada mes. Pero igual valía la pena por conocer a tanta gente chingona que llegó.

Luego de casi un año y después de darnos cuenta que el dinero no nace en los árboles -y que ya no teníamos los trabajos que teníamos un año atrás- tuvimos que dejar el departamento de arriba, y en vez de que el espacio de abajo tuviera 4 salones, lo dejamos con dos y nosotros apretamos todo lo que había arriba en dos cuartos de abajo, todo lo que había junto con nosotros. Así la llevamos poquito más de un mes, hasta que terminó el contrato. El casero parecía una buena persona muy estresada, de esas que en sus días buenos te hablaba bien y en los malos te mentaba la madre por todo. Parecía.

Motivos tenía para mentar madres. El contrato decía que no podíamos tener perro, teníamos, pero los demás vecinos también tenían. El contrato decía que no podíamos pintar las paredes, las pintamos, pero con la promesa de, si un día nos salíamos, las pintaríamos del mismo horrible blanco en que nos fueron entregadas. El contrato decía que no podíamos hacer fiestas, las hicimos, pero todas terminaron antes al rededor de la media noche, palabra.

El contrato también decía que al finalizar el año, podíamos renovar, pero en caso de que no quisiéramos, el depósito se nos devolvería siempre y cuando el departamento fuese entregado tal y cual lo encontramos.

Decidimos dejar de vivir allí porque ya nos incomodaba mucho el casero con sus visitas constantes, asomándose al interior del departamento, quejándose por todo, inventando quejas de los vecinos -con quienes nos llevamos súper bien- y por sus constantes amenazas. Compramos pintura blanca para pintar las paredes, compramos brochas y rodillos, limpiamos el lugar y lo dejamos como lo encontramos. Con excepción, claro, de lo que el paso del tiempo y el clima hizo con el lugar, especialmente con las paredes y con la pintura barata que les pusieron tanto a exterior como interior. Le trabajamos y gastamos porque tendríamos el dinero del depósito al terminar. Pese a eso, no nos regresó ni madres. Recibió y aceptó el lugar, con la promesa de regresarnos el depósito cuando le diéramos el recibo de cancelación del servicio de luz. Lo hicimos una semana después y…nada. Argumentó que el lugar no estaba como se indicaba en el contrato y que de hecho, ya le debíamos mil pesos porque se había gastado lo del depósito en pintura y otras cosas para dejar el departamento como nos lo entregó en un inicio. Pese a que lo recibió y dio su visto bueno.

El cabrón nos acababa de robar tres mil quinientos pesos que necesitábamos para pagar un pequeño préstamo que nos hicieron para poder pagar la renta de un nuevo lugar. Nos robó el casero.

El nuevo departamento está a unas cuantas calles de donde estábamos, es pequeño pero con buena distribución. Ya no tenemos un patio ni salones libres para continuar con El patio de atrás, pero nos gusta cómo va quedando.

Al comenzar con la mudanza, pedimos prestado un triciclo tamalero, de esos amarillos con caja grande al frente. Un amigo convenció a su abuelo de que nos echara la mano. Lo usé unas cinco veces llevando cajas. El último día de mudanza, otro cuate nos echó la mano con su camioneta para mover algunos muebles muy pesados. Dejé el triciclo encadenado a un árbol frente al antiguo departamento. Dos cadenas, uno sujetado al árbol y el otro las llantas al cuadro. Treinta minutos después regresamos y el triciclo ya no estaba. Nos acababan de robar algo que ni era de nosotros. Una nueva aventura iniciaba, afortunadamente fue corta. Con el dinero que teníamos en ese momento, y otro poco que nos prestaron, compramos un triciclo para reponer el que nos robaron. Échenle otros tres mil pesos a la cuenta. Van seis mil quinientos pesos robados.

Vivimos un mes con mis papás, porque aunque ya habíamos pagado renta y depósito del nuevo espacio, no nos lo podían entregar sino hasta después de ese tiempo porque primero tenían que hacerle algunos arreglos. Válido.

Por fin pudimos ocuparlo. Empezamos a acomodar ahora sí los muebles que estuvieron durante todo un mes unos sobre otros empolvándose. Cuando el departamento por fin estaba pareciendo nuestro hogar, pasamos un domingo casi entero dormidos, para descansar. Nos levantamos a las cuatro de la tarde y salimos, dispuestos a visitar a mi suegra.

El día estaba bastante bonito si lo comparamos con los días que le precedían, no hacía frío pero tampoco calor, el viento estaba tranquilo, cielo despejado con algunas nubes. Salimos de casa y comenzamos a caminar sobre la banqueta del lado derecho de la calle. Decidimos cruzar la calle a la banqueta donde no daba el Sol, porque acabábamos de despertar y tanta luz nos desconcertaba.

Ya en la sombra caminamos pocos pasos y un tipo que no había visto, sino hasta que lo teníamos a menos de 5 metros de distancia, sacó una pistola de su pantalón. La mostró agresivo y pidió cartera y celulares. Estábamos sobre la 11 Poniente, calle que siempre está repleta de gente y autos. Pero no había nadie. A media cuadra de la 16 de Septiembre, en pleno Centro Histórico. Rapidito. No creas que no está cortada. Escondió el arma en su chamarra. Mientras intentaba ver la pistola para ver si era de verdad -como si alguna vez hubiese visto una de verdad- saqué mi celular nuevo -nuevo para mí, viejo para mi cuñada- le mostré la pantalla que estaba quebrada y casi pude esbozar un míralo, no sirve, pero no terminé porque lo tomó con velocidad y lo guardó. Miró a mi novia y exigió el suyo. Ella le dijo que no tenía celular, mientras señalaba su bolsa. No me mientas porque si busco y lo encuentro te voy a chingar. Ante la amenaza, decidí sacar mi cartera, cosa que estaba postergando lo más que podía con la esperanza de que se desesperara y huyera; pues en llevaba poquito más de mil pesos que no eran míos, para variar. Se la dí. Órale, caminen para allá y no volteen.

robo

El tipo se fue a prisa hacia la 16 de Septiembre. Caminamos un par de metros. Estallé contra un auto estacionado, contra un árbol y por último contra la pared. Mi mano sufrió más que ellos. No podía dejar de verlo pensando en todo lo que me había quitado, que aunque pareciera poco, era prácticamente todo el dinero que tenía, y como ya dije, ni mío era.

Sin pensarlo tanto, salí corriendo hacia él como nunca antes había corrido. Sobre la 16 debe haber mucha gente, quizá me ayuden a agarrarlo, pensé. Pero para cuando llegué a la esquina, él ya había tomado un taxi que subió sobre la 11 Poniente y pasó frente a nosotros. Corrí detrás del vehículo gritando que el tipo llevaba una pistola. Que se detuviera. Claro. Seguramente el chofer ya estaba amenazado también, o hasta coludido.

Me acababan de robar mil pesos, un celular, mi cartera y nuestra seguridad y confianza. Casual.

La cuenta ya va en siete mil quinientos pesos robados, de los cuales la mayoría nos habían prestado, así que estamos en el momento en que debemos a los que nos prestaron para pagar a los que nos prestaron.

Ni modo, la vida, sigue. Y sigue. Ya vivimos acá. Ahora andamos con más cuidado. Atentos todo el tiempo de quién viene y quién va. Medio incomunicados porque sin celular me siento como en las cavernas, además aún no vienen a instalar el internet y el edificio tiene problemas de agua.

Pero eso sí, el departamento está quedando bien bonito. Aunque ya no nos alcance para comprar más pintura. Se trabaja con lo poco que hay. Porque de que hay ganas, hay.

#MiPrimerAcoso

Desde hace casi un año que no escribo en mi blog, este este espacio que tantas veces fungió como diario y como práctica narrativa. Sea como sea, desde inicios de junio del 2015 que no escribía nada aquí y por lo tanto que no leían nada nuevo. Pese a que han pasado un montonal de cosas en mi día a día que he querido escribir, por alguna razón quizá relacionada con la pereza, no lo hice.

Hasta ahora.

Podría intentar resumir lo que ha pasado desde entonces, como que después de más de un año de vivir fuera de casa de mis papás, ahora vivo con mi novia; como que juntos iniciamos un par de proyectos que son nuestros hijos: El patio de atrás (espacio cultural) y Cicloenvíos (empresa de mensajería en bicicleta); como que robaron mi bicicleta o cómo casi nos corren del lugar en donde vivimos. Pero no. Mejor les cuento lo más recientito, lo que tengo fresco en la cabeza.

Luego de dos años de ir al Vive Latino sin compañía, después de haber ido a tres ediciones acompañado, volví a ir con alguien. Kiki, mi novia, me regaló el boleto en diciembre pasado a sabiendas del bien que me hace anímicamente ir al festival; o quizá sólo porque me ama y le he contado mucho de cuánto disfruté volver a ir solo las ediciones pasadas.

Estando a dos días decidimos que ella también iría. Estiramos unos pesitos que teníamos por allí y aprovechamos una promoción de Ticketmaster. Recoger los boletos fue un pedo, pero su servicio a cliente nos hizo un parototote, por correo, porque por Twitter son unos buenosparanada.

Yo sabía qué bandas quería ver y ella sabía que extrañaba ir a un concierto tan grande. Llegamos y minutos más tarde estábamos en la cochera de una familia que aprovechó evento de tal magnitud para hacer su agostito. Junto a la puerta por la que ingresamos al lugar había un letrero que decía “Baño $12”, pero al llegar hasta el fondo, nada de baños, chelas frías y bien frías.

Entramos al foro y lo primero que noté, fue que había menos gente que años anteriores, y es que el cartel no fue tan bueno, aunque el diseño fue el mejor de su historia, creo yo.

Al llegar vimos a Los Yerberos y canté la única canción que me sé, la de Pole pole pole polecía. Fuimos a ver a Los toreros muertos para cantar que queríamos una novia pechugona, pero obviamente no la cantaron porque la rola no es de ellos, ja. Lo que sí vimos fue Yo no me llamo Javier, Tu madre tiene bigote y Mi agüita amarilla, nomas para descubrir que verlos en vivo es un espectáculo que nadie debería perderse de tener la oportunidad.

Luego sucedió algo que me hizo amarla el triple de lo que la amaba ya, y eso era ya mucho. Salimos de ver a Los toreros con rumbo al escenario principal para bailar al ritmo de Systema Solar, pero a mitad de camino escuchamos desde el pequeño escenario de Momentos Indio, algo conocido. Sin ponernos de acuerdo comenzamos a corear que cuando somos fuertes, nos devora el temor de seguir. Me vio, sonrío y dijo algo sobre que ella se quedaría allí pero que en un rato me alcanzaba en el escenario principal. La sorpresa y emoción me invadieron, la vi caminar hacia donde sonaba la canción de Jumbo. Y entonces me cayó el veinte: ella es la persona más indicadísima para vivir mi vida. La vi y lo entendí, tengo una pareja que no por ser mi pareja dejó de ser una persona con individualidades, gustos propios y preferencias, y que no se siente obligada ni forzada a sacrificarlos por ser pareja.

Llegué a donde Systema Solar y bailé solo. Y lo disfruté brutalmente. Un par de canciones después llegó Kiki emocionada porque al escenario en que estaba, subió Ely Guerra. Bailamos. Fui muy feliz. Y lo corroboré, ella es. Me cae que sí.

En seguida vimos a Goran Bregovic y bailamos y bailamos. Luego a Cultura Profética y qué cosa más aburrida. A mí me gustan mucho, pero en esta ocasión me durmieron tremendamente, a tal grado que preferimos irnos a descansar por allí. Llegamos a la Carpa Intolerante donde estaba tocando La Chiva Gantina y bailamos. Después tocó papá Vicentico y qué manera de ser tan chingón. A continuación vimos a Café Tacvba y no ma men. He visto a los cafetos ya algunas veces, pero en esta ocasión los disfruté de una manera que no lo había hecho antes; además me pareció que ellos también lo disfrutaron como hacía mucho no. Vicentico subió a cantar Ojalá que llueva café y…se le olvidó, pero es Vicentico: se le perdona. Fuimos a ver a Gustavo Cordera y lloramos. Caminamos de regreso para ver a The Prodigy, porque Kiki quería verlos, pero al llegar su sonido descontroló toda la energía que teníamos hasta el momento y luego de dos canciones regresamos con el ex vocalista de la Bersuit. Salimos. Y si bien las bandas no hicieron de éste, el mejor Vive Latino al que he asistido, sí lo hizo tener a Kiki a mi lado, bailar junto a ella, abrazarle y saberle cantando y saltando en un escenario distinto al que yo estaba.

Salimos. En el camino al autobús, vimos una cartulina pegada a una reja.

#VivasNosQueremos
#24A

Decía.

Y es que ese día, en varias ciudades del país, chingos de mujeres (por no decir miles ni millones, pues lo ignoro) salieron a las calles a marchar, gritar consignas y buscar visibilizar la causa feminista, así como las agresiones físicas y verbales que sufren día a día por ser mujeres.

Y aunque dentro del Foro Sol no pensé mucho en el asunto, sí lo hice desde que supe del #24A, desde que supe que la organización era exclusiva de mujeres, desde que leí por allí que algunas practicamente prohibían la asistencia a hombres, desde que escuché y leí opiniones de uno y otro lado. Sí lo pensé y lo sigo pensando.

El hashtag #MiPrimerAcoso me hizo sentir tantas cosas. Sé que vivo en una sociedad crecida en machismo, sé que fui criado en una familia que aunque sostenida primordialmente por una mujer, también era machista; sé que en la escuela, en la casa y en la calle conviví con personas y actitudes machistas de las que aprendí a repetirlas. Sé que soy hombre y básicamente por haber nacido así, en este lugar y en este tiempo, tuve y tengo privilegios; sé que aún en mi haber hay actitudes machistas, sé que me he hecho consciente de algunas y que en la medida de lo posible (sin hacer esfuerzos verdaderos) he ido erradicando, pero sé también que aún hay muchas cosas que hago, digo y pienso que rayan en el machismo y aún no identifico, o quizá me escondo para no sentirme culpable.

Y es que le tengo un miedo colosal a que una de las tantas mujeres que escribe su historia usando #MiPrimerAncoso, piense en mí al redactarlo. Que piense en mí, así no haya sido yo el primero, así sea yo el segundo, el tercero, el décimo o el más reciente. Le temo a ser un verdadero agresor y no haberme dado cuenta. Me aterra haber causado incomodidad, desconfianza, miedo, asco, aberración o un montonal de sentires más a alguna mujer en algún momento de mi vida, en algún momento de su vida. Y lo siento. Lo siento mucho porque sin saberlo de cierto, estoy seguro que alguna vez fui ese macho que pensó tener el poder de decidir sobre el cuerpo de una mujer; estoy seguro aunque no recuerdo haberlo hecho.

Así como todos. Porque así fuimos criados. Aunque no lo recordemos, aunque no nos dimos cuenta, aunque no lo queramos aceptar: por miedo a ser esa persona que no queremos ser, por miedo a ser esa persona que señalamos en otros.

La complejidad del ser humano es así. Ni nosotros mismos sabemos qué somos, qué hacemos y por qué hacemos lo que hacemos y somos como somos. No es como con los alimentos de supermercado, no llevamos una etiqueta que diga Machismo – 45%. Por eso es que señalar y denunciar es tan importante. ¿Se han preguntado cuántos de sus amigos le pegan a su pareja? ¿Cuántos de sus amigos abusan de sus sobrinas? ¿Cuántos de ellos agreden a su mamá? ¿Cuántos han violado a alguna chava que conocieron en una fiesta y salió pedísima del lugar? Yo me lo pregunté hoy y me dio miedo. Miedo de tener amigos así, miedo de ser el amigo que hace cosas así.

Hoy volví a escribir. Espero hacerlo de nuevo, pronto.
*La imagen de la derecha es original de @monicabrech en Instagram.

Basura de unos, tesoro de otros

Quienes me conocen saben que como buen activista bicicletero, todos mis recorridos los hago en bicicleta, sin importar si voy al Zócalo que está a cuatro cuadras de mi casa, o a la casa de mi novia que está a 10 kilómetros. Pero lo que pocos saben es que soy muy buen peatón, que lo disfruto mucho y que cuando no tengo la bici, me muevo a pata.

Como ayer (o alguna noche, así no importa qué día lean esto) que dejé mi bicicleta en casa de mi novia y al salir del trabajo a las 10 de la noche, decidí caminar bajo la ligera lluvia, en vez de esperar a que cesara.

Emprendí la caminata. La lluvia ya me empezaba a empapar, cuando al ver la base de un poste de luz, noté cajas y bolsas sobre las que había globos y algunas cajitas que seguramente alguna vez fueron bonitos regalos de un novio cursi a su ahora ex novia; junto a esas cosas encontré un par de cuadros de los que tienen figuras hechas con pequeñas piezas de metal como llaves, alambres, cadenas, etc. Por supuesto que no dudé ni dos segundos: los levanté y metí a mi mochila.

Seguí caminando y dos postes después me topé con un paraguas sobre una bolsa negra. Me acerqué y como el que no quiere la cosa (porque desde un auto en la esquina me veía una pareja), lo tomé y lo abrí. Funcionaba a la perfección. Bueno, casi. La única bronca era que no podía sostenerse abierto porque el segurito estaba roto. Igual lo agarré y lo llevé abierto con la mano fungiendo como seguro para que no se cerrara. Hasta ese momento era una noche especial: llevaba un tesoro en mi mochila y tenía algo con qué cubrirme de la lluvia.

Me fui asomando a los siguientes postes para ver si entre tanta bolsa encontraba otra sorpresa. Pero nada. Puras bolsas negras bien cerradas. Hasta que en una esquina hallé un trapeador con todos sus pelos bien puestos y un rodillo para pintar. Que me los llevo. Siguiente esquina una base de madera para sostener quién sabe qué, la cargué también. Tres postes después, una charolita decorativa y sí, también la tomé.

Y ahí me veían caminando bajo la lluvia, cargando un gran tesoro cuyo destino desconocía y sigo desconociendo al momento de escribir esto, mañana seguramente intentaré vender cada cosa que levanté por no más de $15 (quince pesos mexicanos) y seguramente alguien lo comprará, porque después de todo la basura de unos es el tesoro de otros.

¿Alguien compra un paraguas que funciona casi a la perfección?

pepenador

Quiero votar por el Pato Zambrano

Te queremos a ti para votar por nosotros

Así como lo leen en el título de esta entrada: quisiera vivir en Monterrey para poder votar por el Pato Zambrano ¡Él sí es un hombre de Dios! ¡Él es un gran hombre! ¡Él es el hombre! ¡Él es un reverendo pendejazo!

¿Por qué Carmencita Salinas, Lagrimita, Sergio Mayer, Cuauhtémoc Blanco y ahora el ex-amante de la Tigresa, de repente pueden contender a un cargo público de representación ciudadana?

¿Pueden? ¡Claro que pueden! ¡Lo hemos permitido! No son los primeros, hemos sido gobernados por actores y payasos en innumerables ocasiones ¿Por qué ahora nos deberíamos sentir indignados si ya antes ha sucedido? ¿Por qué si ya tenemos a un actor -bastante malito- al frente de nuestro país, por qué si en Nayarit hay un alcalde que sin duda es un gran payaso?

Hagan memoria, cuántas veces han dicho “a ese cabrón ya nadie le cree” porque todos saben que está actuando cuando dice que trabaja en favor de los ciudadanos; o “ese tipo es una burla” cuando hace declaraciones sobre algún escándalo en el que se ve envuelto; o cuántas veces no hemos asegurado que la política es un circo, un gran espectáculo.

¿Entonces, por qué no les damos una oportunidad a estos?

Después de todo Carmencita se va a aprender su papel de diputada príista y lo va a interpretar con todo el corazón, porque está dedicada, como ella dice a “algo muy bello que lo usamos para divertirlos a ustedes” ¡a nosotros!

¿Entonces por qué no votar por esta bola de luminarias? Piénsenlo, a ustedes como al Pato, también les encanta el sonido de los pajaritos por la mañana y detestan el “ruido de la sobre población mal encausada”.

No es cosa nueva. En 1970 Jaime Fernández, hermano del “Indio” Fernández, fue diputado federal. El actor y cantante David Reynoso también legisló pero en 1978. A Ignacio López Tarso le tocó serlo en 1988 y a Julio Alemán relevarlo en 1990. Silvia Pinal con su rosa y su información que cura, ocupó curul en 1991. La Tigresa intentó ser senadora en el 91 pero perdió y pa’ que vieran que es aguerrida, en 1994 sí lo logró. La guapa Lilia Aragón alcanzó la diputación en 2004, gracias a que era suplente de la Gordillo, quien pidió licencia.

¿Entonces, por qué nos parece raro e indignante que suceda ahora?

Mi abuelita me contaba que hace muchísimos años, la gente que estaba descontenta con los gobernantes del momento y que no estaba conforme con los candidatos que había, escribía “Capulina” en la boleta electoral a modo de voto de castigo. En aquel entonces votar por Gaspar Henaine era la manera en la que la gente se burlaba de la clase política y de los partidos. Pasaron los años y hoy en día, la clase política y los partidos invirtieron los papeles y ahora son ellos quienes se burlan de la gente con capulinas como candidatos.

¿Y qué madres hacemos, votamos por los capulinas o no votamos por ellos?
¿Promovemos una campaña de voto nulo?
¿Votamos por ellos, que ganen y les exigimos como nunca antes?
¿Armamos la revolución? Armada, obvio; ya hay que bajarse del tren del mame de la revolución intelectual.

Yo elegiría votar por ellos. Que ganen. A ver qué pasa. A ver qué hacen. A ver cómo les va. A ver cómo nos va. Quien quita y nos callan la boca a todos haciendo una excelentísima chamba. ¿Qué es lo peor que podrían hacer?*

*Obviamente hay muchas cosas terribles que podrían hacer, esa última pregunta es la más temeraria de todas.

Morir pedaleando

Así es como desde hace algunos años decía que me gustaría morir. Sobre mi bicicleta, de manera rápida, casi inmediatamente, sin dolor, con el último recuerdo de sentir el viento en el rostro, la adrenalina recorriendo mi cuerpo, la sangre hirviendo saliendo disparada de mi corazón y seguramente una gran sonrisa provocada por el sentimiento de libertad.

Después de todo es quizá lo más cerca que podría estar de morir feliz, sería como alcanzar un máximo de alegría, de éxtasis, sería como llegar al Nirvana.

Pero cuando lo digo, realmente no pienso en todo lo que habría después. El muerto se va, los demás se quedan. Los que permanecen vivos son los que sufren porque ese alguien partió. Adolecen porque siguen aquí, sin esa persona.

Hoy siento la gran pérdida que puede ser una persona para quienes lo conocieron, para quienes convivían con él, para quienes rodaron junto a él, quienes sonrieron y a quienes hizo sonreír; hoy siento la gran pérdida que es para sus amigos y para quienes lo hicieron parte de su familia.

Hoy siento esa pérdida como mía. Porque en la comunidad ciclista he encontrado un gran sentimiento de acogida, de fraternidad, no importa a qué estado vaya, seguro siempre hay alguien que levanta la mano por ti. Y aunque no conocí a Jaime, me cala en los huesos la noticia de que alguien que disfrutaba tanto la vida con los pies en los pedales haya llegado tan rápido a la meta.

Por ahí en su blog, Ernesto me puso a pensar con una pregunta bien seria:

¿En serio queremos el “Ride fast, die young” y/o el “Party hard, die young” para nosotr@s, nuestr@s amig@s, familiares y seres querid@s?

Seguro nadie lo quiere para otra persona.

¿Después de esto debemos seguir rondando como hasta ahora? Seguro Jaime respondería con un meow y así sin pedos se treparía a tirar caldo. Porque de qué se trata la vida si no es de vivirla sobre una bicicleta.

-Ride fast, die last-

ride fast die last

Al que educa se le madrea

Hay luchas/protestas/movimientos con los que podemos no estar de acuerdo, muchas veces yo no comulgo con varios de ellos, y está bien. Sin embargo no podemos permitir y mucho menos entender como “algo normal” que exista gente/instituciones violentando estas manifestaciones, cuales quieran que éstas sean.

Los chicos del CUEP (Colectivo Universitario por la Educación Popular) son jóvenes que desde 2010 dan cursos gratuitos a aspirantes a ingresar a las preparatorias y licenciaturas de la BUAP. Los preparan para el examen de admisión sin cobrarles un centavo a cambio. Conozco a algunos de los que dan los cursos. Su pasión por la enseñanza me sorprende, me sobrepasa. Tengo entendido que más del 90% de sus pupilos pasan el examen.

En la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla no les dieron espacios para brindar estos cursos -supongamos que no es su obligación-, en su búsqueda por ocupar salones de la universidad -que es pública y es de ellos como estudiantes- les dieron hace algunos años permiso para dar los cursos en algunos jardines de Ciudad Universitaria. Hoy les prohibieron enseñar en cualquier área dentro de CU, los corrieron. De allí la demanda.

Ellos realizaron una acampada y huelga de hambre en el Zócalo -con la que podríamos no simpatizar, sin embargo de alguna manera la gente se tiene que enterar-, la madrugada del domingo fueron sacados de allí a madrazos, mientras dormían, claro. Algunos de los golpeados siguen en el hospital.

La reflexión es la de siempre.

Hay que ser empáticos. Qué pasaría si uno de estos chicos fuese nuestro mejor amigo, nuestra prima, nuestro hermano, nuestra novia, qué pasaría si uno de ellos fuese tu hijo.

Yo no escribo para responsabilizar a nadie. Escribo buscando empatía. Y sin embargo, sí exijo respuestas, no sólo respuestas a las demandas del CUEP; también exijo al gobernador Rafael Moreno Valle, al alcalde Antonio Gali Fayad y al secretario de Seguridad Pública y Tránsito Municipal Alejandro Santizo Méndez. ¡Sucedió en pleno Zócalo capitalino! ¡Hay cámaras! Gracias a una de ellas, por cierto, sabemos que sí hubo una patrulla frente al Palacio Municipal ¿no vieron nada? ¿son cómplices?

CUEP BUAP

 UPDATE.

La universidad, como ya se le está haciendo bonita costumbre, publicó un comunicado en sus redes sociales, 20 horas después de lo sucedido; en el que además de reprobar cualquier tipo de agresiones, deja muy en claro que quienes golpearon a los estudiantes no “fueron los porros de la Rectoría de la universidad”. O como quien dice “sí tenemos porros, pero palabra que ellos no fueron”. Yo no sé si Esparza dé las indicaciones de manera directa, pero lo que sí sé es que está rodeado de gente pendeja y nada política, de allí que pase lo que está pasando.

Comunicado BUAP CUEP

¿Y la BUAP que abrazó a Ayotzi?

Este lunes 19 de enero, el #BlueMonday, el señalado por estudiosos del comportamiento humano como el día más triste del año, Enrique Peña Nieto visitó la capital poblana. Vino para inaugurar las nuevas instalaciones del Hospital del Niño Poblano y la línea 2 del metrobús RUTA; o como quien dice, para acompañar y validar el trabajo de Rafael Moreno Valle, cuyo cuarto informe fue hace pocos días.

Estudiantes de la Asamblea Universitaria BUAP convocaron a una marcha pacífica para recibir al señor don presidente, exigirle rendición de cuentas, que cuente y se acuerde que aún nos faltan 42, que los estudiantes no olvidan ni perdonan, que México sigue llorando. Y de paso para pedirle de favorcito al gober que se deje de hacer wey con lo del caso Chalchihuapan y que ya acepte su culpa. Porque parece que ellos ya cerraron las gavetas de ese par de sucesos.

Dicen que el miedo no anda en burro, pero Peña teme al grado de hacer un caos de la ciudad por cerrar las vialidades que puedan llegar hasta él. Para que nadie le llegue, ni la única movilización estudiantil del día, la de la Asamblea Universitaria BUAP.

No eran muchos, quizá apenas si superaban el centenar de manifestantes, y es comprensible, son bien poquitos los que le han dado seguimiento a lo sucedido con los normalistas y muchos menos los que aún salen a marchar y a exigir. Pero allí estaban ellos. Y también los granaderos, cómo de que no.

Encapsulados los estudiantes, fueron replegados hasta la prepa 2 de Octubre, mientras que otros se resguardaron en la Universidad IberoAmericana. Los de azul no se iban a ir con las manos vacías, detuvieron a dos alumnos de la BUAP, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la máxima casa de estudios de la entidad poblana, de la universidad que abrazó el caso Ayotzinapa, lamentó lo sucedido con los 43 normalistas y organizó hartas asambleas en las facultades ¿se acuerdan?

Yo señalé, AQUÍ MISMO, lo inusual que se me hacía tal apoyo institucional a un asunto social tan impactante. Muchos me tacharon de pendejo, de idiota, de insensible y un montón de cosas más, todo porque pregunté por qué la BUAP apoyaba ese movimiento y no había dicho nada de la #LeyBala.

Hoy hubo intimidación, seguro muchos dirán que no paso nada, pero detuvieron a cinco, muchos dirán que se lo merecen y aunque ni ustedes ni yo tenemos manera de comprobarlo, ni somos nadie para dictaminarlo, eso es más que intimidación.

La UIA lanzó un comunicado, en él repudió los actos, las agresiones a sus estudiantes que iban llegando a tomar clase y la detención de alumnos de la BUAP, además señaló a los responsables: la Policía Estatal, o sea el gobierno del estado, o sea el de Rafita Moreno Valle:

Ibero

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla también publicó su postura oficial, en la que abraza a sus estudiantes como lo hizo con los normalistas, da su apoyo y respalda la movilización.

Ay, no es cierto, me equivoqué. Supongo que en este caso la BUAP es otra muy distinta a la que organizó asambleas por los de Ayotzinapa, porque parece que la institución se avergüenza de sus estudiantes; han de creer que los 43 normalistas estaban paseando cuando los desaparecieron.

BUAP ¿Y ahora, qué me dicen? ¿Prefieren “pensar bien, para vivir mejor” o que la verdad los haga libres?

UPDATE.
Para que vean que soy bien a todo dar (y no quiero que me den de baja de la uni) comparto el segundo comunicado de la BUAP, noten que dice que el primer comunicado, o sea el de acá arriba, lo publicaron antes de las detenciones. A manera de aclaración me gustaría comentar que el primer comunicado se hizo público a las 13:38 horas, mientras que el primer tuit que pude encontrar que informa de las detenciones fue publicado a las 13:16 horas, o sea éste:

 Y ahora el segundo comunicado de la Benemérita:

Comunicado BUAP 2

Ahora sí ¿qué opinan, amigos?